Ha sido un año de contrastes, con una amplitud de cambio inmensa, grandes fracasos o desengaños personales mezclados con la realización de grandes sueños.
Empezaremos con el apartado denominado “alegrías”, con el cual, seguro, no me extenderé demasiado por mucha verborrea barata que utilice.
Ha sido un gran año académico, por desgracia también el último, he acabado mi licenciatura en publicidad y relaciones públicas, compaginado con un master en diseño gráfico, atendiendo al hecho de que era la primera vez que no había ningún suspenso en mi casillero de evaluaciones. Este último año conlleva su correspondiente graduación, día inolvidable, nunca hubiese imaginado una despedida, mejor dicho un “hasta pronto”, todos mis amigos de clase, desde aquél o aquella que conocí el primer día a primera hora, hasta aquella persona con la que hablaba por primera vez el que sería probablemente el último día que nos veríamos. Ríos de lágrimas sinceras, de lágrimas de cariño, de lágrimas infinitas corrían por cualquiera de las esquinas de la sala.
Día 07/07/07, nunca te olvidaré, ni a vosotros compañeros/as de clase, y como no, de fatigas.
Justo una semana antes, 30/06/07, lugar El Ejido (Almería), compañía Miguel y, por último, evento, realización de uno de mis grandes sueños.
Aparecieron en una oscuridad infinita, tras miles de gritos de ilusión y desenfreno, tan de repente como si te despertases en mitad de la noche sin saber la razón, uno tras otro, un pedacito de sueño tras otro se unía a su antecesor para formar un todo, un todo llamado “Rolling Stones”. Dos horas que pasaron como dos minutos, por ese tiempo creí en muchas sensaciones y en mucha gente, creí que todo lo que me rodeaba no podía ser mejor, en que no podía ser más feliz, tanto que hasta mis ojos se entorpecían el uno al otro para soltar la primera lágrima, ambos tan entusiasmados de ilusión dejaron por imposible la ardua tarea de materializar mis sensaciones en una gota salada de agua cristalina. Una de las veces que realmente me he sentido vivo, que he sentido algo que recorría mis venas y que creo que la gente llama algo así como ilusión.
Por una vez creí en la posibilidad de llevar a cabo mis sueños, lo malo, sólo lo creí una vez.
Por último, sí, ya la última alegría, ni yo me creo que tenga tantas a lo largo del año.
Cumplí uno de mis propósitos, aunque creo que poco a poco se irá desvaneciendo, pero la grandeza que recorre cada poro de mi piel cada vez que paseo por sus calles, eso es indescriptible. El regreso del hijo pródigo a casa, mi regreso a la tierra añorada, mi vuelta a Granada.
Ahora continuamos con el apartado denominado “decepciones”, que seguramente será más alargado de lo que quisiera. Tantas se agolpan en mi cabeza, que iré desgranando cada una de ellas según vaya apareciendo por mi cabeza.
Es irremediable que me venga a la cabeza, y como no, la primera por desgracia. Todo aquel que me conozca sabrá perfectamente a lo que me refiero, sobre todo mis malagueñas que tanto me soportaron con el tema, ellas saben quienes son y todo lo que les agradezco su ayuda cuando más la necesitaba.
Fue por el mes de Abril, y su huella se ha extendido durante mucho más tiempo del que me hubiese gustado, una de las tantas cosas que no puedo controlar por mucho que lo intente. Lo pasé francamente mal, no lograba ver el final del túnel, ni siquiera intuir por donde seguía el camino, pero ahora, desde la distancia que nos regala el tiempo, creo que he sacado mucho bueno de algo así, y lógicamente algo malo, pero eso son menos.
Aunque en principio algo así debería de hundirme personalmente, debería cuestionarme mi forma de ser, mis actitudes y otros muchos aspectos de mi persona (todo eso ya lo hice con anterioridad), ha sucedido todo lo contrario, no me afectó, por ejemplo, al área profesional, ya que mis resultados fueron buenos, y me demostré a mí mismo toda la fuerza que poseo, que soy capaz de lo que me proponga si lo persigo con la suficiente ilusión para conseguirlo, y sobre todo, que de todo se aprende y se sale sano y salvo.
Allí pasé los mejores años de mi vida, me formó como persona, me hizo creer en la bondad de la gente, en la posibilidad de confiar en la gente, me enseñó que allí iba a hacer muchos y muy buenos amigos, a los cuales, hoy por hoy, echo un montón de menos, siento que un pedazo de mí se quedó con cada uno de ellos, estén donde estén.